– ¡Hyung! ¡Hyung! Corre, tienes que verlos – Un joven
pelinegro corría por los pasillos de aquella vieja escuela. Tomaba la mano de
un muchacho apenas más bajo que él, y zarandeaba su cuerpo por la emoción.
El castaño miró a su compañero y sonrió nostálgicamente.
Temía que momentos como esos terminaran pronto; negaba la existencia del tiempo
cuando se encontraba con aquel que era su persona especial. Sabía que nada era
eterno, desgraciadamente para él todo era efímero.
Se graduaría en unos días y tomaría su camino en la
vida, tal vez no se verían más, tal vez su amigo encontraría a alguien que lo
hiciera feliz en el año que le quedaba, tal vez el se olvidaría que alguna vez
una persona llamada Lim Hyunsik existió en su vida.
– ¿Te gusta, hyung? ¿Verdad que son bonitos los
copos de nieve caer en lo lirios? – la sonrisa de Sungjae se ensanchó al ver la
escena de la nevada, aún tomaba la mano de su amigo.
Observó al menor por unos segundos antes de
contestarle, después miró sus dedos entrelazados y soltó una risa encantadora. –
Si Sungie, son hermosos. Justo como tú.
Las mejillas del pelinegro se colorearon muy
evidentemente a pesar de que intentó cubrirse con su bufanda. Hyunsik apretó el
agarre entre sus manos y con la libre tomó el mentón del pequeño, acercándolo lo
suficiente como para que el vaho de ambos se fusionara como si bailaran.
– Aunque sea una lástima que ni siquiera el invierno
dure para siempre. – con un pequeño empujón de su cuerpo hacía adelante junto
sus labios en un tímido y cálido beso. Un beso el cual Sungjae no dudó en
responder apretando con su mano libre el abrigo largo del colegio que el
castaño vestía.
Al separarse el mayor acarició las rosadas mejillas
de su dongsaeng, aunque estaban cálidas, quiso dar calor sobándolas suavemente
entre sus guantes de estambre. El muchacho aun aferrado a la vestimenta del
otro sonreía tristemente.
– Tú eres lo único que voy a extrañar de este
cochino Instituto – sonrió – y me lamentaré de no estar aquí para protegerte.
– No seas mentiroso, hyung. Le diré a Ilhoon que no
lo vas a extrañar – ambos compartieron risas, muy a pesar de las lágrimas que
amenazaban por salir de los ojos del menor. – Tardaste mucho, hyung. Te
tardaste… demasiado…
Las lágrimas se escurrieron por sus mejillas, muriendo
en los guantes color café de Hyunsik. No solo lloraba de tristeza, también de
enojo, por saber que aquel hombre también tenía sentimientos hacía él y no lo
había confesado a tiempo. Se sentía mal, muy mal.
– Perdóname, pequeño Sungie – dijo al escuchar los
sollozos del menor. Jamás se había sentido tan culpable como se estaba
sintiendo en ese momento – De verdad, perdóname.
__
Un tiempo más tarde, por casualidad se encontró a
algunos metros de su Instituto y al voltear a ver aquel lago de los lirios, se dio
cuenta que estos habían muerto muy desgraciadamente y que el agua se había
reducido apenas unos centímetros.
Su sonrisa desapareció un momento, pero luego
recordó “incluso el invierno no dura para
siempre”. Se acomodó el saco y siguió su camino, pensando una vez más en su
pequeño dongsaeng, preguntándose qué habría hecho de su vida en los últimos
diez años.
Su cuerpo se estremeció cuando al chocar con un
hombre este se disculpara con una voz tan suave como la que Sungjae poseía. Y
volteó al ver como aquel pelinegro corría para encontrarse con la muchacha
castaña que llevaba un bebé en sus brazos. Sonrió una vez y se permitió soltar
una lágrima solitaria y reanudo su camino.
– Creo haber visto mal – dijo el pelinegro volteando
su rostro y no encontrar nada.
– ¿De qué hablas, hermano? – preguntó la chica.
– No, de nada. Sigamos, mamá pensará que no quiero
verla después de tanto tiempo en Londres – una hermosa sonrisa se posó en sus
labios y caminó a un lado de su hermana.
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